jueves, 12 de marzo de 2015

Recursos externos, hay que exigirles que se involucren

(fuente: www.miutopia.com)

Ya está bien de que el profesor sea el único representante y responsable de la educación del alumno. Ya está bien de encerrarnos entre las rejas del centro escolar. Ya está bien de no mirar más allá de la rotonda más cercana. Es el momento de que el círculo de experiencias educativas vaya más allá de las planteadas en el colegio e involucremos a otros agentes externos en el proceso de enseñanza-aprendizaje. 

Muchos me dirán que eso se hace, que estoy escribiendo sobre un tema como si existiera alguna polémica sobre ella y, desde mi punto de vista, lo hay. Lo hay cuando solo podemos plantearnos una actividad complementaria por trimestre por el coste que supone desarrollarla. Cuando los precios que se ofrecen para según que actividades, son inalcanzables en esta época de crisis. Cuando queriendo plantear una actividad diferente (un docente osado) y externa, no sabe a quién o a dónde acudir para que le informen de actividades GRATUITAS y de CALIDAD.

¿Qué pasa con los recursos externos? ¿Qué pasa con las distintas entidades estatales o locales que nos rodean? ¿Qué pasa con las diversas y amplias fundaciones/asociaciones/agrupaciones que existen en nuestra comunidad? ¿Dónde está su papel en la enseñanza? ¿Por qué no se les exige una involucración? 

No pretendo que las actividades complementarias sustituyan cualquier planificación educativa (llámese unidad didáctica o situación de aprendizaje), lo que busco es que acerquemos un poco más a todos esos profesionales que, siendo en ocasiones especializados en su materia, pueden ayudarnos a la hora de acercar un interés a nuestro alumnado, desde la profesionalidad, la motivación, la pasión.

No es lo mismo que un docente explique en qué consiste un viaje espacial a que un astronauta cuente su vivencia, sepa responder las preguntas de los más curiosos, transmita sus emociones, les atrape con sus conocimientos. Y quién dice viaje espacial dice cultura canaria, tradiciones, animación a la lectura, educación en valores, educación emocional, biología, astrofísica, arte, música, danza... y un largo etcétera.

Abramos las puertas de la mente y de nuestro centro. Atrevámonos a buscar opciones alternativas, pensemos en actividades diferentes pero que nos enriquezcan, osemos a intentarlo y tal vez errar en el camino. Planifiquemos con antelación, seamos preguntones, pidamos sin miedo, apliquemos nosotros también nuestras competencias y consigamos un acuerdo.

No pretendo que el docente se quede de brazos cruzados, tranquilos eso nunca suele pasar. Pero permitamos también que disfruten de los momentos de distensión, de esos momentos de descubrimiento en conjunto, de esos recuerdos de risas.

Porque como dice el proverbio africano "hace falta una tribu entera para educar a un niño".